¿Qué es para nosotros la fe en la Providencia? es una renuncia a la seguridad humana y una confiada entrega a la conducción de un Padre Dios sabio, bondadoso y todopoderoso.

En primer lugar “renunciar a la seguridad” implica dejar de lado el raciocinio, la oscuridad para darle la bienvenida al deseo de Dios en la vida, en la vida del mundo, en nuestra propia vida.

Vivimos en una época en donde no solo se quiere prescindir de la conducción de Dios, sino de la persona misma de Dios, ya no existe ningún Dios. Se ha dejado lado la luz de la fe, la luz de la fe en la Providencia.

Y por otra parte, (la fe en la Providencia significa) entrar en la oscuridad. Nunca deberían decir: “Más allá, no me atrevo a ir”, cuando, por ejemplo, en las deliberaciones no desaparece la cuota de oscuridad que envuelven las decisiones. Por el contrario, hay que decir: “Ahora es cuando empieza a ser eficaz la verdadera fe en la Providencia”.

No en vano hemos utilizado a menudo esta expresión repitiéndola innumerables veces: la fe en la Providencia exige siempre saltos mortales. Saltos mortales para la inteligencia, porque el cálculo nunca vale. Siempre puedo encontrar algún pro y contra.

Saltos mortales para la voluntad, puesto que el entendimiento ya no posee ninguna seguridad reflexiva, terrena, humana. La voluntad debe impulsar un salto mortal para la voluntad sobre todo cuando nuestro Padre Dios, con su conducción y sus designios, nos pone frente a grandes exigencias.

Y donde se requiere un salto mortal tanto para inteligencia como para la voluntad hay que considerar también el salto mortal para el corazón. ¡Cuántas veces lo hemos repetido en la historia de nuestra Familia: lo que queremos subconscientemente es, en el fondo, lo que desea el corazón!

Por lo tanto el providencialismo exige una renuncia a la seguridad humana y por otro ponerse, incondicionalmente, en manos de la conducción divina.

Padre José Kentenich, “Dios presente”.

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