El P. Kentenich definió su Obra como un Movimiento de educadores y de educación, es decir, no sólo como un Movimiento apostólico y espiritual. Dedicó durante más de 50 años de actividad su fuerza creadora casi totalmente al servicio educacional individual y de cada una de las comunidades de su Obra; su ADN lo identifica como un educador carismático.

María lo educó en la escuela de la Alianza de Amor. Se dejó educar por ella, aprendió a educar imitándola, y condujo a todos los que le fueron confiados a esa misma escuela.

“Mi pasión toda, que me acompaña día y noche, es siempre y sólo esta: ¿cómo puedo servir a los míos?”

“Bajo la protección de María, queremos aprender a educarnos a nosotros mismos y hacernos personalidades firmes, libres y sacerdotales”.

Estas fueron unas de las primeras palabras que dirigió el joven sacerdote José Kentenich a los alumnos del seminario de los Padres Pallotinos en Schönstatt que le fueron confiados en su cargo de Director Espiritual. En este programa ya quedaron trazados los rasgos generales de su pedagogía: la necesidad de la autoeducación, la educación bajo la protección de María, y la educación en comunidad.

 

Una pedagogía de ideales:

Una pedagogía que apuesta por lo bueno, por lo positivo, por lo ideal en el hombre. Quiere ayudar a la persona a reconocerse y valorarse en sus capacidades e inquietudes, y a hacerlo desde la perspectiva de su mejor realización posible. Descubrir, abrazar, y dejarse encender por un ideal despierta la magnanimidad y, a su vez, compromete. El alma es capaz de desarrollarse en libertad hacia su plena originalidad.

Es una pedagogía de la identidad.

“Educar es servir desinteresadamente a la singularidad y originalidad de cada uno. Es servir desinteresadamente a la gran idea que Dios ha puesto en cada personalidad, y así servir a Dios mismo. Esta actitud fundamental implica respeto por cada hombre, por cada destino humano”.

Una pedagogía de vinculaciones:

Las vinculaciones pertenecen a lo más profundo de la naturaleza humana; con ellas está relacionada la fuerza pedagógica del amor.

Busca desplegar todo el organismo de vinculaciones -personas, lugares, ideales- que nos ayudan a crecer. Son “ataduras” que nos dan libertad, que no generan una dependencia que esclaviza, sino que regalan amplitud al corazón.

“Los educadores son personas que aman y nunca dejan de amar”.

Una pedagogía de alianza:

Se funda en un pensamiento verdaderamente “católico”, holístico, abarcador, en el que están estrechamente entretejidos lo divino y lo humano, lo inmanente y lo trascendente, la natural y lo sobrenatural.

El P. Kentenich llama a María la “educadora de los pueblos”, y afirma ver aplicado en ella por parte de Dios su propio “sistema educativo”, sistema que dice haber “copiado” a ella. Frente a Dios, el hombre no es objeto de la pedagogía divina sino alguien que coopera con ella como contrayente de alianza.

“La Madre y Reina tres veces Admirable quiere formar y educar a aquellos que se entregan y consagran a ella”.

Una pedagogía de movimiento:

Se trata de un fluir constante de la vida. Apuesta por el desarrollo de procesos, exige y promueve la iniciativa propia, da libertad.

“La educación se trata, en primer lugar, de una asociación constante entre palabra, verdad y valor”.

Pedagogía de confianza:

Parte de la base de que, en el ser humano, lo primero que está presente es lo bueno.

“Deja intencionalmente las riendas sueltas incluso cuando el oleaje se encrespa. Se apoya y confía no sólo en lo bueno que hay en el ser humano y en la ley de las tensiones en la comunidad, sino también en la conducción de Dios a través de la gracia. Tiene por cierto constantemente a la vista la situación, pero se mantiene gustosa en segundo plano y sólo interviene cuando resulta necesario y provechoso”.

“Y cuando sea el momento, doy un paso atrás y dejo que los míos sigan con independencia su camino. Ésta es la mayor gloria de un verdadero educador: que su hijo haya crecido superándolo ampliamente”.

Una palabra: orgánica

Una educación que contempla al hombre y su realidad, sus vínculos, su alma y espíritu, como una totalidad. “Orgánico”: significa verlo todo en relación recíproca; una visión integradora. Para el P. Kentenich, la educación debe llevar a armonizar la teoría y la vida; en este sentido, Schönstatt no quiere educar “eruditos”, sino “maestros de vida”.

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