La infección por el virus de la hepatitis C (VHC) puede causar una inflamación del hígado llamada hepatitis. Su gravedad varía entre una dolencia leve que dura algunas semanas, o una enfermedad grave de por vida.

Luego de infectarse aproximadamente un 15% de las personas elimina el virus espontáneamente. El 85% restante desarrollará infección crónica, y en estos casos el riesgo de cirrosis hepática luego de 20 años es del 15-30%. Según la OMS, se estima que hay en el mundo 71 millones de personas con infección crónica por VHC y cada año mueren unas 399.000 personas por esta enfermedad que deriva en cirrosis y/o cáncer hepático.

Distribución geográfica

La VHC es prevalente en todo el mundo. En Argentina no contamos con estadísticas precisas pero se estima que la prevalencia puede oscilar en alrededor del 1%, lo que correspondería a 400.000 personas infectadas. Existen numerosas cepas (o genotipos) del VHC, cuya distribución es variable según la región.

Transmisión

El VHC se transmite por la sangre. Las vías de contagio más frecuentes son la utilización de drogas inyectables compartiendo agujas y jeringas, procedimientos médicos inseguros con inadecuada técnica de esterilización y transfusiones sanguíneas. La tasa de transmisión del VHC por vía sexual o de madre a hijo es baja.

La hepatitis C no se transmite a través de la leche materna, los alimentos o el agua; ni por contacto ocasional como abrazos, besos y comidas o bebidas compartidas con una persona infectada.

Síntomas

El período de incubación de la hepatitis C puede variar de dos semanas a seis meses. Tras la infección inicial, aproximadamente un 80% de los casos no presentan síntomas. Aquellos con sintomatología aguda pueden presentar fiebre, cansancio, inapetencia, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orinas oscuras, heces claras, dolores articulares e ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos). En algunos casos la infección crónica por VHC puede afectar otros órganos independientemente del grado de afección hepática, esto se conoce como manifestaciones extrahepáticas. En muchas oportunidades son indicación de tratamiento antiviral inmediato. Las manifestaciones extrahepáticas más frecuentes son: crioglobulinemia, enfermedad renal, linfoma no-hodgking y liquen plano

Diagnóstico

Dado que la infección aguda por el VHC es generalmente asintomática, pocos son los casos diagnosticados en esta etapa. A menudo, la infección crónica por el VHC también queda sin diagnosticar porque se mantiene asintomática hasta décadas después, cuando aparecen síntomas secundarios al daño hepático grave.

La infección con el VHC se diagnostica en dos etapas:

  1. La detección de anticuerpos anti-VHC con una prueba serológica revela la infección.
  2. Si los anticuerpos anti-VHC son positivos, para confirmar la infección crónica se necesita una prueba que detecte el ácido ribonucleico (RNA) del virus.

Una vez diagnosticada una hepatitis C crónica se deberá evaluar el grado de daño hepático (fibrosis o cirrosis). Esto puede hacerse por biopsia hepática o por diversas pruebas no invasivas como la elastografía hepática (Fibroscan®). Además, se debe realizar una prueba de laboratorio para identificar el genotipo del virus. Hay seis genotipos del VHC, y su respuesta al tratamiento es diferente. En nuestro país, el genotipo 1 es el más frecuente seguido por los genotipos 2 y 3. El grado de daño hepático y el genotipo del virus se utilizan para orientar las decisiones terapéuticas y la conducta clínica.

Hacerse las pruebas

El diagnóstico precoz puede prevenir problemas de salud derivados de la infección, y también la transmisión del virus. Actualmente la Asociación Argentina para el Estudio de las Enfermedades del Hígado (AAEEH) sugiere realizar el test en todas las personas al menos una vez en la vida siendo mandatario en todos aquellos con algún factor de riesgo de infección:

Los grupos de población más expuestos al riesgo de infección por el VHC son:

  • los consumidores de drogas inyectables o por vía intranasal;
  • receptores de transfusiones sanguíneas, especialmente si fue previo al año 1992.
  • los niños nacidos de madres infectadas por el VHC
  • personas cuyas parejas sexuales están infectadas por el VHC
  • personas infectadas por el VIH
  • reclusos o exreclusos
  • personas que hayan tenido tatuajes o perforaciones ornamentales (piercings).

 Conclusión

La VHC es una infección silenciosa que habitualmente no produce síntomas hasta llegar a la cirrosis. La AAEEH sugiere realizar el test para detección de VHC al menos una vez en la vida y siendo mandatario en poblaciones de riesgo. Actualmente contamos con tratamiento cortos, seguros y altamente efectivos.

 Dr. Manuel Mendizabal

Hepatología – SMD.

Turnos 4809 5533

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