¿Qué es el límite?

Es un derecho del niño y una obligación del adulto, ya que con la incorporación del mismo, aprenderá a distinguir lo que está bien y lo que está mal. Ocupa un rol fundamental en la formación de los valores, la moral y las normas de convivencia tan necesarias para vivir en sociedad.

Sirve como una guía, lo protegerá y ayudará a transitar el camino de la vida respetando al otro y a sí mismo. Así favorecerá el sano desarrollo de su autoestima ya que se sentirá cuidado, querido y aceptado. A su vez, le enseña al niño a postergar sus impulsos, es un ensayo para la vida, en la que se enfrentará con situaciones similares.

¿Cómo debería ser?

Claro, constante, conocido con anticipación y estable a lo largo del tiempo, así ayudará al niño a entender que toda conducta tiene una consecuencia, buena o mala según se proceda.

Debe quedar claro que lo que se desaprueba es la conducta, no al niño, decirle “no pegues” en lugar de “¡no seas malo!”.

Es importante explicarle el por qué del límite, haciéndole sentir que por su error no se lo deja de querer.

No dar largas explicaciones, más vale decir poco y preciso.

Las “penitencias” deben ser posibles de ser cumplidas: por ejemplo, “No vas a ver televisión por dos días” en vez de decir “No vas a ver televisión por un año”

Finalmente es importante tomar consciencia de la responsabilidad que ocupamos los adultos en la educación de un niño, ya que no solo involucra a ese niño en particular, sino a la construcción de una sociedad más sana.

Dr. Juan Sciarrotta.

Jefe Servicio de Pediatría.

Sanatorio Mater Dei.

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