Nuestro Sanatorio

Lema y Valores

“Comprometidos con la vida y al servicio de la dignidad humana”.

a) Creemos que la vida es un don

Por eso la valoramos. Movidos por esta convicción:

·         Nos comprometemos a cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

·         Trabajamos para que nuestros pacientes reciban el mejor cuidado. Con especial delicadeza y respeto, nos comprometemos a proteger su integridad física y espiritual y a conservar el secreto profesional.

·         Colaboramos para que nuestros pacientes sean recibidos en un entorno que les permita descubrir el sentido a su situación para vivirla en toda su significación y profundidad.

·         Acompañamos a nuestros pacientes en todas las etapas de su vida, mediante acciones concretas orientadas a que la vida sea cuidada y celebrada dignamente, aun en el dolor.

 

b) Creemos que cada persona es creatura e hijo de Dios

Por eso valoramos la dignidad humana. El hombre no es “algo” sino “alguien”, con una misión personal a desarrollar en la vida que le ha sido donada. Esta es la razón por la que nos comprometemos a respetar a las personas en todas las fases de la vida en las que somos convocados a asistirlas.

 

c) Creemos en el valor de nuestro compromiso

Por eso en el campo de la salud, elegimos construir la cultura de la vida. Esta elección la renovamos cada día, ante cada persona y situación que nos toca vivir. Aspiramos a brindar servicios de salud con la más alta calidad humana y profesional, lo cual requiere de un fuerte compromiso. Nos centramos en nuestros pacientes, anteponiéndolos a nuestros intereses personales y aportando el mejor de nuestros esfuerzos en bien de su salud. Esto nos motiva y compromete a participar en la docencia e investigación, para capacitarnos debidamente en los avances de la ciencia y la tecnología.

 

d) Creemos que el servicio es un valor

El paciente y su familia constituyen la razón de ser de nuestro sanatorio. De ahí que la cordialidad, la sinceridad, la intención permanente de querer resolver sus necesidades o problemas -aun los más simples- son para nosotros un deber irrenunciable.

 

Servir a quienes acuden a nuestra casa es un privilegio. Es nuestra misión ser sensibles al sufrimiento ajeno, con espíritu de solidaridad, lucidez y una conducta responsable.