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100% Kentenich - 100% Casa

La infancia del P. Kentenich estuvo duramente marcada por una realidad que no resulta ajena al hombre de hoy: sin padre, sin casa, sin hogar. Su consagración a la Virgen como niño fue el cimiento de un edificio espiritual que será una casa abierta para todos: el santuario de Schönstatt. En el corazón de María, él pudo encontrar su casa, su lugar de pertenencia y referencia; allí ella misma se ocupó de moldear su corazón para que también pueda ser hogar para muchos.

“Si Dios no me concedió tener un hogar en mi infancia y juventud, si tuve que renunciar a un hogar, entonces con mayor desinterés y alegre disposición al sacrificio consumiré mi vida para ofrecer, en lo posible, un hogar a muchas personas, a través de mi propio ser, de mi vida y de mi amor”.

El 18 de octubre de 1914, una pequeña capilla abandonada que funcionaba como depósito del jardín se transformó en CASA. Nació primero en el corazón del P. Kentenich cuando, siendo un niño de nueve años, se consagró a la Santísima Virgen; luego cobró forma y figura como santuario: hogar espiritual de una familia internacional, el Movimiento de Schönstatt.

“El hombre de hoy clama por hogar, por cobijamiento. Debe haber hombres que pierdan su hogar para poder preparar hogar a otros”.

La experiencia “me siento en casa” forma parte del carisma que recibió el P. Kentenich, y se nos regala como gracia en los santuarios de Schönstatt:

“Un gran hombre es como una casa que ofrece protección y cobijamiento. Una casa en la cual me siento bien tal como soy…” Gracia del cobijamiento

“Porque sé que soy aceptado, y eso despierta en mí todas las energías…” Gracia de transformación interior

“Pero la casa no quiere tenerme para sí… Debo salir, debo hacerme hogar para otros y brindar a otros lo que yo mismo he recibido…” Gracia de envío apostólico

“Feliz aquel que tiene hogar y es hogar para muchas otras personas”.

Estoy en casa…

…allí donde pertenezco, en el lugar con el que me identifico, en mi lugar de referencia. Mi casa es el lugar a donde siempre puedo regresar, donde siempre soy absolutamente bienvenido.

“Todas las casas en la tierra son casas arrendadas, palacios o casas pequeñas, todos son nidos pasajeros que puedan venirse abajo con un fuerte viento. Nuestra verdadera patria, nuestra casa paterna está allá arriba, está en la eternidad. Hacia allí va el camino. Hacia el Padre va el camino, a casa”.

Estoy en casa…

…allí donde me siento verdaderamente libre porque me sé aceptado incondicionalmente. En mi casa soy auténtico, no necesito ni puedo fingir o aparentar. En mi casa caen las máscaras, soy conocido tal como soy, en mis luces y en mis sombras.

“Todos deben encontrar en mí un hogar, y para ello yo debo tener mi hogar en Dios”.

Estoy en casa…

…allí donde encuentro Madre, Padre, hermanos. Aunque no haya techo ni paredes, puedo estar en casa allí donde están los míos.

“Yo no viví en la suciedad del campo de concentración. Yo viví en ustedes y con ustedes”.

El santuario: mi lugar en el mundo

Desde el 18 de octubre de 1914, la Sma. Virgen continuó tejiendo una red de santuarios en todo el mundo: en el centro de las ciudades, en los lugares de trabajo, en las cárceles, hospitales y sanatorios, en los hogares de niños y de ancianos, en las calles e iglesias, en las zonas de guerra y en medio de nuestra vida cotidiana… los hombres pasan delante de las puertas abiertas de un santuario de piedra, de una ermita junto al camino, de un santuario hogar, de un santuario del corazón, de un santuario, en definitiva, que es global, que integra una red, que no tiene fronteras y es hondamente personal.

En cada una de sus formas, el santuario es lugar de encuentro con Dios y de evangelización. Como si toda esta red internacional no bastara, la Madre tres veces Admirable sale de su santuario y camina como Virgen Peregrina hacia los hombres. Ella quiere hacer de cada lugar su casa, la casa del Padre, a la que todos estamos siempre invitados a regresar.

“Tomen consigo el cuadro de la Santísima Virgen, y colóquenlo en un lugar de honor en sus casas. Así, se convertirán en pequeños santuarios donde la imagen regalará sus gracias, edificará un santo reino familiar, y educará en la santidad a los miembros de la familia”.