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100% Kentenich - 100% Salud

Frágil de salud, el P. José Kentenich sufrió tiempos de convalecencia en su juventud por insuficiencia respiratoria; una operación lo dejó con un solo pulmón. Su personalidad reflexiva, inteligente, religiosa, y su misma historia personal, también lo llevó a sufrir la soledad y la crisis de fe. Él pudo conocer el sufrimiento profundo del hombre en su propia experiencia, y de la misma manera, su sanación.

“Las luchas terminaron cuando fui ordenado sacerdote y pude proyectar, formar y modelar en otros, el mundo que llevaba en mi interior.  Este es el motivo por el que conozco tan bien el alma moderna, aquello que causa tanto mal en Occidente. ¿A quién debo agradecer todo esto? Viene de arriba. Sin duda de la Santísima Virgen. Ella es el gran regalo. De este modo pude, además de la enfermedad, experimentar también en mi propia persona y muy abundantemente, la medicina (…)

Como imagen del hombre moderno pude experimentar en abundancia su angustia espiritual. Es la angustia de una mentalidad mecanicista que separa la idea de la vida (idealismo), el yo del tú (individualismo) y lo sobrenatural del orden natural (sobrenaturalismo). En esos años el alma se mantuvo de alguna manera en equilibrio, gracias a un amor personal y profundo a María. Las experiencias vivenciales de aquel entonces me llevaron a formular más tarde la afirmación: La Santísima Virgen es por excelencia el punto en el que se entrecruzan lo terrenal y lo celestial, la naturaleza y la gracia… Ella es la balanza del mundo, es decir, Ella -por su ser y misión- mantiene al mundo en equilibrio.” Padre José Kentenich, Santuario de Bellavista, Chile 31.05.1949 
 

La palabra “orgánico”está presente en el lenguaje propio del P. Kentenich. En rasgos generales, con esta palabra hace referencia a la interrelación vital entre los elementos que conforman una totalidad. Su visión orgánica constantemente une, integra, y no separa; es lo opuesto a una visión “mecánica” o “mecanicista”.

La verdadera salud en el hombre es posible en el equilibrio que se alcanza en la interrelación entre cuerpo y alma, y podemos encontrarla aún en personas visiblemente “enfermas”. La salud para el hombre -concebido como una totalidad orgánica que se encuentra en un constante desarrollo hacia su plenitud- adquiere distintos nombres a lo largo de este camino de sanación que es la vida misma.

¿Conoces aquella tierra… donde manos bondadosas alivian los dolores…?

La salud es un don. Pero, el P. Kentenich nos invita a ampliar nuestra mirada, a considerar la vida en su dimensión trascendente, que aspira mucho más que a la salud y al bienestar de esta tierra. Implorar el don de la salud, bajo esta luz, alcanza no sólo el cuerpo, sino especialmente el alma y el espíritu.

¡Qué alivio cuando encontramos manos bondadosas capaces de cubrir y limpiar nuestras heridas! Son como las manos de María en la vida del P. Kentenich. Hoy ella quiere valerse de nuestras manos como instrumentos de sanación para el mundo…

…manos que elevan y dignifican

porque conocen cuál es la dignidad más elevada que distingue a todo ser humano.

… a todos trata con una delicadeza cristiana, sencilla y natural.Ver y reverenciar a Dios en los hombres.(1937)

… manos que atienden y cuidan

que saben cuándo deben actuar y cuando esperar, cuando cortar y cuando acariciar, cuando permanecer unidas en oración y cuando jugar.

… posee un fino instinto y un acertado tacto para saber lo que pide el amor en cada instante. La delicadeza cristiana se distingue por esa fina capacidad de adaptación a las circunstancias del momento.(1937)

… manos que limpian y sirven

porque ese es su máximo honor, el privilegio que les fue confiado como misión.

… se alegra de servir a Cristo en el prójimo. Su mayor anhelo sería “lavarle los pies” incesantemente al prójimo, realizando en favor de éste los servicios más humildes.(1937)

Sanación

El arrepentimiento es para el orden espiritual, aquello que, para el orden físico, constituye el proceso de sanación. Es una regeneración del alma; un nuevo llegar a ser del hombre de fe; significa un volver a encontrarse después de haber estado perdido espiritualmente; significa un volver a tomar en cuenta las fuerzas más profundas del alma; es un nuevo nacimiento.(1933/1936)

El Amor que sana

Mientras más desvalidos nos sintamos, no recurramos al amor de justicia de Dios, sino a su amor misericordioso.No hay absolutamente nada que no me pueda llevar cada vez más profundamente a la hondura del amor de Dios.(1963)