Noticias/Novedades

100% Kentenich-100% Santidad

Dios santifica, pero con nuestra colaboración. La obra de Dios y la obra nuestra están así en una mutua relación de armonía.

"Nada sin ti, nada sin nosotros”: una expresión acuñada por el P. Kentenich que surge de la Alianza de Amor María. A la luz de esta Alianza podemos entender cómo concibe él la santidad: como una relación de amor mutua entre Dios Padre y sus hijos.

Cada vez fue más y más claro que sólo el alma que se esfuerza por vincularse interior y profundamente con Dios hasta las últimas profundidades, es capaz de resistir las tormentas de los tiempos desarraigados y sin vínculos que se acercan, y de permanecer firme, con raíces auténticas y fuertes.

Santidad no es para el P. Kentenich en primer lugar una exigencia; en varias ocasiones, él la definió como “el amor del hijo al Padre”, inspirándose en el mismo Jesús: “Hago siempre lo que da más alegría al Padre” (Jn 8, 28). Santidad es un estilo de vida; es un criterio sobre el cual fundamos nuestras relaciones, vínculos y decisiones, que nos lleva a vivir según lo que creemos.

El P. Kentenich citó muchas veces a San Agustín con la expresión “ama y haz lo que quieras”. El criterio sobre el que nos fundamos es el amor, porque es el amor el criterio de Dios.

Todo lo que Dios hace, lo hace por amor, a través del amor y para el amor; el amor es la ley fundamental del universo.

Un estilo de vida

¿Qué significa “un estilo de vida santo”? El P. Kentenich lo explica partiendo de la Alianza de Amor. Una alianza implica un compromiso mutuo; se trata de un vínculo que une en un objetivo o un bien en común. El lazo de esta Alianza es el Amor, y en torno a este compromiso se gesta toda una red de vinculaciones. Un estilo de vida santo armoniza todas sus vinculaciones bajo el criterio del amor a Dios; por eso, alimenta con la oración, la Eucaristía y los sacramentos su vínculo con Dios, y busca encontrarse con él en la vida diaria.

La santidad de la vida diaria es la armonía querida por Dios entre la vinculación hondamente afectiva con Él, con el trabajo y con el prójimo, en todas las situaciones de la vida.

… un estilo de trabajo

Crear con afecto es poner el corazón en lo que se hace… No sólo significa disfrutar haciendo algo que nos llena; también es ayudar a que otros gocen con el resultado de nuestras obras.

Nuestro trabajo ocupa gran cantidad de tiempo en nuestro día a día; allí desplegamos nuestra capacidad creativa, nos ponemos al servicio y damos nuestro aporte a la sociedad. Un estilo de trabajo santo pone todo bajo la luz del amor, desde lo más pequeño y oculto hasta las grandes decisiones capaces de influir en los demás.

El santo de la vida diaria se pregunta cómo le gustaría a Dios que él hiciera su trabajo, qué le daría más alegría.

… un estilo de darme a los demás

El apóstol San Juan nos decía que “si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4, 20). En nuestra relación con los demás se prueba verdaderamente nuestro amor. “¡Miren cómo se aman! ¡Miren cómo están dispuestos a dar su vida el uno por el otro!”, se decía de los primeros cristianos. Este es el principal distintivo de quien vive del amor y para el amor.

El santo de la vida diaria ama a su prójimo porque y cómo Dios lo ama.

… un estilo en la vida cotidiana

Jesús vivió 30 años de su vida oculto en el seno de una familia, santificando lo cotidiano de cada día. ¿Cómo habrá sido esa cotidianidad?, es una pregunta que puede orientar nuestro actuar.

El santo de la vida diaria santifica su quehacer cotidiano; vive santamente durante toda la semana e imprime en todas sus obras el sello de la santidad. Sus tristezas y sus alegrías, su descanso y su trabajo, sus oraciones, sus palabras y su conducta: todo lo hace extraordinariamente bien, es decir, santamente, porque su actuar está inspirado por la caridad.

Nuestra obra tiene que hacer de nosotros hombres santos

La Iglesia quiere iluminar nuestro camino con la luz de personas que vivieron santamente; es el sentido de los santos y santas a quienes pedimos que intercedan por nosotros en nuestro caminar en la tierra.

Muchos hijos espirituales del P. Kentenich vivieron santamente por la Alianza de Amor con María. El P. Franz Reinish perteneció al Movimiento de Schönstatt y fue decapitado el 21 de agosto de 1942 por negarse a jurar lealtad a Hitler; el Papa Pio XII lo reconoció como mártir de la conciencia. El P. Karl Leisner, quien murió como causa de su confinamiento en el campo de concentración de Dachau, fue beatificado en 1996 por Juan Pablo II.

En el año 2010 se publicó el decreto que declara venerable a la Hna. M. Emilie, quien se encuentra en proceso de canonización junto con otros schönstattianos, entre ellos Joao Luis Pozzobon, Mario Hiriart y José Engling.

La vida del santo de la vida diaria tiene un impacto mayor que sus palabras.