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¿Qué significa que Jesús Resucitó?

La Resurrección de Jesús no quiere decir que Él regresó a la vida biológica normal y que después, según las leyes de la biología, deba morir nuevamente cualquier otro día. Jesús resucitado tampoco es un fantasma que, en realidad, pertenece al mundo de los muertos, aunque estos puedan de algún modo manifestarse en el mundo de la vida. Las apariciones de Jesús resucitado tampoco son experiencias místicas, en las que el espíritu humano viene por un momento elevado por encima de sí mismo y percibe el mundo de lo divino – “del más allᔠ-, para volver después a su existencia normal.

La Resurrección de Jesús muestra un “salto cualitativo” radical que abre a una nueva dimensión la vida humana. Por eso, a la celebración de esta Resurrección la llamamos “Pascua”, es decir: “paso hacia” otra dimensión, paso hacia adelante y no “regreso a”. La materia misma, la corporeidad, la “forma” de cada uno, lo que lo individualiza de los demás, es transformada, sigue siendo la misma pero transformada en una nueva realidad (“resucitó en la carne”, es decir: con su propia individualidad). Es un nuevo modo de existir, distinto pero en continuidad con el anterior modo de vivir en la tierra. El Resucitado es el hombre Jesús que con su misma corporeidad (individualidad) pertenece ahora a la esfera de lo divino y eterno.  Se trata, sin embargo, de una corporeidad cuya “materialidad” ha sido transformada (por eso el Resucitado puede, por ejemplo, atravesar paredes, aparecer y desaparecer en un momento…). Es la misma individualidad, que hace que el Resucitado sea el mismo Jesús de Nazaret, aunque de otro modo, por estar ya en la eternidad, no está más sujeto al tiempo y al espacio.

Con la resurrección de Jesús no ha sido re-vitalizada una persona cualquiera fallecida, sino que con ella se ha producido un salto ontológico, es decir que afecta el ser como tal, inaugurando una nueva dimensión para el ser humano que nos afecta a todos, porque este “paso” – esta “Pascua” - ha creado para todos los que mueren a esta vida – para todos nosotros – un nuevo ámbito de la vida: el ser con Dios eternamente. (Ver: J.Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret).