Aire acondicionado y COVID-19

Llegó el verano y el uso del aire acondicionado se vuelve más común en todos los espacios que transitamos. ¿Es seguro su uso? ¿Existe un vínculo entre el aire acondicionado y el coronavirus?



Al comienzo de la pandemia, las autoridades sanitarias nacionales e internacionales se centraron en lo que se suponía eran las vías de infección más probables:

- Una es el riesgo de tocar una superficie contaminada, de ahí la recomendación de lavarse las manos frecuentemente con solución a base del alcohol o agua y jabón.

- La otra es recibir gotas que se producen cuando alguien cercano tose o estornuda, lo que llevó establecer la recomendación de la distancia social y el uso de tapabocas o barbijos.

- Pero también existe la posibilidad de una tercera vía de transmisión, a través de pequeñas partículas de virus conocidas como aerosoles que permanecen en el aire, sobre todo cuando estamos dentro de un lugar cerrado con poca ventilación.


No todos los aires son iguales

En este punto deben diferenciarse entre unidades sin renovación de aire (comúnmente denominados splits) y equipos centrales con tomas de aire exterior para renovación de aire, equipados con filtros de alta eficiencia con capacidad de retener virus y bacterias.


Los aparatos de aire acondicionado sin renovación de aire deben ser utilizados con mayor precaución y prevención. Esto se debe a que reciclan el aire en lugar de renovarlo, carecen de filtros para virus o bacterias, se suelen usar con ventanas y puertas cerradas y pueden empeorar nivel de desplazamiento de las pequeñas partículas exhaladas o aerosoles, una de las vías de transmisión más importantes del coronavirus.


Siempre una ventana abierta

La ventilación consiste en introducir intencionalmente aire limpio en un espacio al tiempo que se elimina el aire viciado. El objetivo es mantener la calidad del aire en ese espacio.

La primera regla entonces que debe imponerse siempre para prevenir el contagio de COVID es mejorar la ventilación del ambiente abriendo ventanas y generando corrientes de aire. Esto permite la recirculación del aire limpio, y además, esto ayuda a evitar la humedad generada por los sudores y concentración que provoca el calor durante el verano.


Si lo usamos, ¿cómo lo usamos?

En muchas ocasiones se vuelve necesario utilizar el aire acondicionado para bajar la temperatura existente dentro de un espacio y reducir la sensación de calor.

La idea no es instalar el miedo a usar estos equipos, sino utilizarlos con responsabilidad. A continuación compartimos algunas recomendaciones de la OMS para su uso seguro.


Primero que nada, analizar si es posible reducir la temperatura del ambiente a través del uso de ventilación natural (abriendo ventanas y puertas).

En caso de no ser posible y requerir el uso del aire acondicionado:

  • Aumentar el porcentaje de aire exterior mediante el modo de ahorro de energía, que permite configurar los sistemas para que utilicen hasta el 100% de aire exterior.

  • Aumentar el flujo de aire total en los espacios ocupados.

  • Desactivar los mecanismos de control de la demanda de ventilación que reducen el suministro de aire en función de la temperatura o la ocupación.

  • Asegurar la limpieza de la carcasa y los filtros internos del aire, para garantizar su correcto funcionamiento.

  • Poner en marcha el sistema de aire acondicionado desde 2 horas antes de que se ocupe el espacio, para garantizar la climatización y luego de 2 horas de ocupación apagarlo, ventilando el ambiente.

  • La temperatura óptima es de 24-26 °C, que evita la aparición de efectos irritativos de la vía aérea superior e inferior. La humedad debe mantenerse entre 45% y 64%.

  • Programar el aire acondicionado en modo ventilación, y dirigir el flujo de aire hacia un espacio que no le llegue directamente a ninguna persona.

  • Renovar permanentemente el aire dentro de un ambiente cerrado, aunque esto implique perder transitoriamente la temperatura alcanzada.


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