El mar o la espuma

El abordaje de cualquier situación de la vida sea personal o laboral, puede hacerse básicamente desde dos ópticas: tomando nota de los sucesos a través de una mirada superficial, o analizando los acontecimientos por medio de una reflexión profunda para indagar acerca de la raíz de las situaciones y nuestra postura personal ante ellas.

Un pensador graficó esta alternativa diciendo: “Hay acontecimientos que son la espuma del mar; es el mar el que me interesa”.


¿De qué hablamos cuando nos referimos a “la espuma del mar”? Se trata de burbujas de aire que aparecen cuando el agua está agitada por el viento. Si tenemos un fuerte oleaje, fruto de la alta velocidad con la que sopla el viento, es muy probable que el agua tenga mucha espuma.


Por el contrario, si vamos a la playa y tenemos el agua en calma, tan solo veremos algo de espuma cuando la ola rompe en la orilla. Otro de los factores que contribuyen a que haya espuma de mar es obviamente la contaminación orgánica. Los vertidos que vienen cargados de fertilizantes, detergentes y abonos son perfectos para generar una gran cantidad de espuma y con mucha menos agitación que la natural.


Es decir, la espuma del mar se relaciona con burbujas, muy vistosas pero huecas y efímeras; con la agitación del viento y con la contaminación. Es lo mismo que sucede cuando vivimos nuestra vida desde lo epidérmico de nuestra percepción y no vamos más allá de lo que aparece. La apariencia, la agitación y la contaminación son malos consejeros a la hora de asumir compromisos con lo que nos rodea.


La apariencia nos desilusiona apenas tratamos de adentrarnos en ella. La agitación proviene del activismo, del estar siempre corriendo a veces sin saber por qué ni hacia dónde. Corremos porque nos corren. La contaminación nos llega porque continuamente nos vemos desbordados por mensajes de los medios de comunicación, de las redes, de opinólogos que nos quieren vender sus propuestas como razonables y pertenecientes a una cultura adaptada al siglo XXI.


La naturaleza humana posee el atributo de poder penetrar con su inteligencia más allá de los datos accidentales y, por medio de la reflexión, llegar a la esencia para sacar conclusiones valiosas. Así, por ejemplo, la actitud de servicio, como valor, no es solamente un “darle una mano al otro”. En el fondo, es una respuesta solidaria a la apelación que representa para cada ser humano la presencia de otro. De este modo lo entendió la Madre de Dios cuando salió en ayuda de su prima Isabel. Estaba acostumbrada a meditar todo en su corazón y reflexionó sobre la necesidad de ayuda de su prima pronta a dar a luz; por eso partió sin demora a prestarle su servicio.


Pidámosle a María, en este mes de noviembre, tradicionalmente llamado en la Iglesia “Mes de María”, que nos enseñe a vivir penetrando reflexivamente en los sucesos que nos rodean y a dar una respuesta desde la interioridad, para que nuestra conducta sea fruto de una “consideración desde el mar y no solo desde la espuma”.


Hermanas de María de Schoenstatt