Regreso a la actividad física: ¿cómo podés cuidarte al volver a la práctica deportiva?

La práctica de deporte es de suma importancia para mantener una buena salud; ayuda a prevenir y tratar el sobrepeso, la hipertensión arterial y la diabetes, además de reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo. Pero también es cierto que todo ejercicio conlleva cierto riesgo de sufrir lesiones.





Traumatismos, torceduras o el desgaste propio de las articulaciones, músculos y/o tendones, pueden desarrollarse durante o después de la práctica deportiva.

La traumatología del deporte es una rama de la traumatología que se encarga de la prevención, diagnóstico y tratamiento de estas lesiones, además de intentar proporcionar la reincorporación temprana del deportista a su práctica habitual.

En general, las lesiones deportivas se pueden dividir en cuatro categorías:

  • Sobrecarga (tendinitis, distensiones, contracturas y desgarros musculares).

  • Trauma directo (contusiones, hematomas).

  • Esguinces (lesiones de ligamentos).

  • Fracturas y luxaciones.

Sobrecarga

Una de las causas más comunes de lesiones deportivas es la sobrecarga. Generalmente se deben a una técnica inadecuada al realizar la actividad, a la falta de calentamiento previo, a realizar un esfuerzo que está por encima de la capacidad del organismo o al uso de un equipo deportivo inadecuado.


Algunos deportistas aumentan la velocidad o la intensidad de sus entrenamientos con demasiada rapidez, sobrecargando los músculos, los tendones o las articulaciones.

Esto puede provocar tendinitis, contracturas, distensiones y/o desgarros musculares, incluso pudiendo llegar a situaciones más graves como esguinces, osteocondritis o fracturas por estrés. Estas últimas son pequeñas fisuras causadas por fatiga ósea, debidas a cargas o exigencias repetitivas. Son más frecuentes en los huesos de los pies, en los huesos largos de la pierna o en la rodilla.


Pueden no existir signos de lesión y rara vez aparecen en las radiografías. El único síntoma es el dolor provocado con la deambulación o con el ejercicio cuando se lo somete a cierto impacto.


Otro factor que contribuye a las lesiones es la recuperación inadecuada después de una práctica deportiva. El hecho de no interrumpir el ejercicio cuando empieza el dolor también favorece la aparición de lesiones o agrava las mismas y retrasa la recuperación.


Trauma directo

Este tipo de lesión suele deberse a choques con otros deportistas, objetos o caídas. Son muy comunes en los deportes de contacto (como el rugby, hockey o fútbol) y en menor medida en los deportes individuales.


En muchas ocasiones el golpe genera un dolor muy intenso, que puede aliviarse con la colocación de hielo o productos fríos sobre la zona que recibió el impacto. Sin embargo en algunos casos el dolor persiste luego de la actividad. Cuando es así, es necesario concurrir a la Guardia del Sanatorio o hacer una consulta médica para descartar o confirmar lesiones de mayor gravedad como suelen ser los hematomas. También merecen un apartado especial los traumatismos que se dan a nivel de la cabeza y del cuello. En ese caso dado que las lesiones suelen ocurrir en forma simultánea, se puede sospechar que cualquier trauma en la cabeza puede ir acompañado de una lesión cervical y por eso se recomienda hacer una evaluación combinada de ambas regiones.


Esguinces

Los esguinces son torceduras bruscas de una articulación, que se dan principalmente por defectos en el campo o terreno de juego, por cambios de dirección (por ejemplo, al gambetear o evitar a otros jugadores en el fútbol, o en el rugby), o por malas caídas en deportes de salto como el básquet o el voley.


Estas lesiones también son comunes en los entrenamientos de fuerza (levantamiento de pesas, crossfit) o en deportes de deslizamiento como el esquí o el snowboard.


Los esguinces más comunes se dan en tobillo, rodilla y muñeca. En general causan dolor agudo en la articulación, con inflamación local e incapacidad para apoyar el pie o la mano. No todos los esguinces tienen la misma gravedad, pero por lo general es necesario realizar una RX y en muchos casos pueden requerir la inmovilización de la zona afectada por varios días.


Fracturas y luxaciones

Las fracturas y las luxaciones (dislocación de una articulación) son lesiones graves que requieren atención médica inmediata. Las personas que sufren estas lesiones, generalmente tienen deformidad de la zona, dolor intenso e incapacidad funcional de la extremidad afectada

Lo más conveniente al sospechar una fractura o una luxación es inmovilizar el miembro afectado (en la posición en la que se encuentra) y acudir a la Guardia de forma inmediata.



Diagnóstico

Para diagnosticar una lesión deportiva, es fundamental realizar un buen interrogatorio a modo de determinar el lugar y el mecanismo en que se produjo la misma, así como el tipo de actividades recreativas u ocupacionales que el paciente ha realizado últimamente, y si hubo cambios en la intensidad de esa actividad.


Luego se procederá al examen físico, donde se realizarán pruebas y maniobras con las que sospecharemos ciertas patologías. El diagnóstico definitivo lo confirmará uno o más métodos por imágenes (RX, ecografía, tomografía, resonancia, etc).

La pregunta más frecuente después de sufrir una lesión es: ¨¿Cuándo podré volver a la actividad deportiva?¨.

El tiempo de recuperación depende por supuesto de la gravedad de la lesión, ya que muchas de estas requieren cierto tiempo de reposo, inmovilización, disminución de la intensidad del ejercicio o hasta algún procedimiento quirúrgico.

De todas formas el retorno a la actividad debe ser al principio de baja intensidad para fortalecer progresivamente los músculos, los tendones y los ligamentos debilitados, y de esta forma prevenir una nueva lesión. A menudo, los deportistas tienen que adaptar o perfeccionar su técnica para no volver a lesionarse.


Prevención

Las medidas generales de prevención tienden a buscar aumentar la seguridad durante el ejercicio con calentamiento previo, enfriamiento e hidratación. El uso de un equipo adecuado puede ayudar también a prevenir lesiones. Por ejemplo, el uso de cascos, coderas y muñequeras al realizar actividades deportivas sobre ruedas o protectores bucales para la práctica de actividades de contacto y/o colisión como el rugby o el hockey. Para los amantes del running, es esencial utilizar un buen calzado. Las zapatillas deben tener un contrafuerte rígido en la zona que rodea el talón para controlar el movimiento de la parte posterior del pie, un soporte en el empeine para evitar la pronación excesiva, y una abertura acolchada para apoyar el tobillo. Se debe tener en cuenta también la vida útil de dicho calzado, ya que dependiendo de la intensidad y de la frecuencia de la actividad el desgaste es muy importante.

Es fundamental detener el ejercicio ante el primer signo de dolor, que precede casi siempre a las lesiones deportivas ya que limita el daño que puedan sufrir sobre todo las articulaciones expuestas a cargas repetitivas.


Dr. Leonardo Russo

Traumatología

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