Llevar a Dios de vacaciones

Llegan las vacaciones, y si bien son un momento ideal para descansar y recuperar energías, no debemos olvidarnos de lo más importante. Te invitamos a leer la editorial de las Hermanas de María de Schoenstatt.


Un niño estaba jugando a preparar las vacaciones que pronto tendrían lugar en la playa. Tenía un autito que le habían regalado para Navidad cargado con toda clase de bultos, y había enganchado al auto un remolque grande que estaba vacío. La madre se acercó en un momento y le preguntó al niño:

-¿Qué vas a poner en el remolque?

El niño, con mucha energía, como si se tratara de algo evidente, le contestó:

-¡Allí va Dios!-.

-¿Cómo es eso?- preguntó, perpleja, la madre.

El niño le explicó que la catequista le había dicho que Dios formaba parte de nuestra vida y que iba a todas partes con nosotros. Por eso puso el remolque, para llevar a Dios a las vacaciones.


Las respuestas de los niños muchas veces nos hacen reflexionar seriamente a los adultos, porque ellos, con toda su ingenuidad, captan realidades que los adultos a veces hemos perdido el don de percibir. Vacaciones con Dios. ¿Quién de nosotros pensó en esto?


¿Qué significa llevar a Dios a nuestras vacaciones? En lo más profundo, significa alegrarnos sanamente, compartir momentos de alegría y recreación con familiares, con amigos; lejos de los problemas y las tensiones. Significa ser solidarios, creativos y respetuosos de los demás. Significa mirarlo también a Él y agradecerle por tantos dones. Recordemos que nos tomamos vacaciones del trabajo, no vacaciones de “ser humano”.


Cuando decimos que el servicio es amor, no se trata de un cartel o eslogan que colocamos en un determinado lugar, sino de una actitud que queremos conquistar para nuestra vida. O sea, una forma determinada de actuar que llegue a brotar espontáneamente sin tener que detenernos a pensar tanto.


Por eso, en estas vacaciones, llevar a Dios con nosotros significa descubrir en medio de nuestras circunstancias oportunidades para brindar un servicio a quienes nos rodean, ya no en el ámbito del sanatorio, sino, en la familia, con los vecinos, en la playa, en el campo, con los otros turistas que están de paseo. El amor siempre encuentra formas de expresarse en el servicio a los demás.


Muy feliz descanso. ¡Y no nos olvidemos de llevar a Dios a nuestras vacaciones! ¡María, nuestra Madre, también nos acompañará!