Los que verdaderamente viven: editorial de las Hermanas de María de Schoenstatt



"Los que mueren con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos.” Estos versos pertenecen a un poema de Ricardo Palma, un poeta peruano que, con notable inspiración, expone en su creación “quiénes son los muertos”. Esto constituye una reflexión profunda acerca de cómo queremos transitar este mundo, si como muertos en vida o vivientes en camino hacia la plenitud.


Con una mirada a nuestro alrededor podemos decir que convivimos en nuestra sociedad actual, no solo en nuestro país, sino a nivel mundial, con muchos muertos vivos, de acuerdo a lo que expresa el poeta.


El lema institucional del Sanatorio, “comprometidos con la vida, al servicio de la dignidad”, nos desafía a mostrar la contracara de esta situación. Ayudar, por medio de nuestra labor de cada día en favor de la vida, a que haya muchos vivos que apelan a valores con los cuales construir una sociedad, un mundo más humano y humanizante.


Dar vida, regalar vida, acoger la vida, sostener la vida, acompañar la vida son todas acciones a nuestro alcance, que podemos llevar a cabo con nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo y en nuestro entorno.


Y no se trata de grandes hechos, sino de aquellas pequeñas atenciones cotidianas que llevan a hacer sentir mejor a las personas, a ser reconocidas como tales, en otras palabras, a percibir su propia dignidad, aun cuando dependan de ayuda para su cuidado.

En este mes de agosto recordamos la fiesta de la Asunción de María al cielo. Y porque llevó a lo largo de su existencia terrena una vida honrosa y virtuosa, es que su memoria permanece intacta a lo largo de las generaciones que contemplan en Ella al ideal de todo ser humano.

“La vida no es la vida que vivimos,

la vida es el honor y es el recuerdo; por eso hay muertos que en el mundo viven, y hombres que viven en el mundo, muertos.”

Así concluye el poema citado. Que nuestra vida dedicada al servicio a los demás, nos ayude a dignificar la vida de nuestro prójimo y, por ende, a dignificar nuestra propia vida, para que nuestra huella por este mundo permanezca más allá del tiempo.


Hermanas de María de Schoenstatt

Sanatorio Mater Dei