Mujeres y Enfermeras, dejando huellas

El año 2020 es un año especial en el que dos grandes celebraciones se encuentran: el Año de la Enfermería y el Año de la Mujer en Schoenstatt, ya que se cumplen 100 años de la incorporación de las mujeres en el Movimiento. El Padre Kentenich lo recuerda así: “Significó nada menos que el inicio de la participación de nuestra mujer católica en la gran misión de Schoenstatt. Ha sido el hecho más trascendental y sobresaliente del año 1920”.




Fue una mujer, Florence Nightingale, la madre de la enfermería moderna; la primera mujer dentro del movimiento fue enfermera, Gertraud von Bullion. Y fueron las mujeres, Hermanas de María de Schoenstatt, las enfermeras que fueron el alma del Sanatorio. ¿Qué podemos leer de estas conexiones?

Hoy, tanto mujeres como hombres, desempeñan la profesión de Enfermería. Pero en sus inicios fue la mujer la que dio los primeros pasos tanto a nivel mundial como en el Sanatorio. Recordamos con cariño y admiración a tantas enfermeras que han pasado por este lugar, dejando huella con su “ser enfermera” que llamaba la atención.

Las recordamos por ser mujeres que hacían lo ordinario extraordinariamente bien, con consecuencias concretas en los pacientes que acompañaban y entre sus compañeros, generando un ambiente de trabajo agradable. ¿Qué hacían de especial? Entre otras cualidades, podemos destacar algunas que pueden inspirarnos.

· Trabajaban con espíritu de servicio. Gertraud von Boullion tenía un lema: “¡Quiero servir!”, que se reafirmaba en su poesía preferida escrita por Margarete Seemann:


Una vela quiero ser que siempre arda. Hondo anhelo quiero ser, que todos sientan. Medianoche quiero ser, que todo lo cubre. Calor del sol quiero ser, que haga germinar las semillas. Fruto maduro quiero ser, cuajado de dulzura. Amor de Madre quiero ser, siempre dispuesto.

· Ponían amor en las cosas pequeñas, de forma que lo grande y lo pequeño se hacía con amor y por amor al prójimo –y a Dios-, se hacía bien de principio a fin, poniendo cuidado en sus tareas, en los materiales que utilizaban y en las personas que trataban.

· Vivían con un espíritu de superación que las llevaba a buscar los medios para poder hacer mejor su trabajo.

· Eran mujeres que iluminaban con su bondad: se veía en su respeto, en su calidez, su cordialidad….Gertraud lo describe con claridad: “La bondad hace todo con natural sencillez, el que recibe esa bondad tiene la sensación de ser servido, atendido y cuidado de corazón”.

En el trabajo junto a los enfermos, Raquel Saenz Valiente, Fundadora del Voluntariado de María, comprendió su misión: “Dios, que está en el corazón de los enfermos con más fuerza, nos llama desde allí, para que nos mostremos como su Madre: sencillos, humildes, con una gran ternura maternal”.

Que nuestra Madre, María, proteja a todos los enfermeros en su año, y que las mujeres que han dejado huella nos inspiren para seguir transformando el mundo de hoy.