Pascuas en el Sanatorio - vivencias de nuestros pacientes

La Pascua y la alegría de la Resurrección es el fruto de un camino que transitó Jesús: en ese camino, Él cargó con el máximo dolor y sufrimiento hasta llegar a la Cruz.

Muchos pacientes de nuestro Sanatorio transitan su camino de cruz entre nosotros, camino de sufrimiento y dolor físico y espiritual. Son muchos los colaboradores que trabajan día a día para acompañarlos, aliviar el dolor físico, buscar el sentido y encontrar la esperanza de la Resurrección en su propia vida.


Susana Moreno e Irene Ennis, psicólogas del Equipo de Contención para pacientes y familiares, nos comparten su aprendizaje al tocar de cerca esta cruz:


¿Cómo ayudan a transitar el dolor en los pacientes? ¿La fe ayuda a encontrarle un sentido?


Susana: “La fe es una herramienta maravillosa para transitar el sufrimiento. La enfermedad, el dolor, las limitaciones físicas producen un profundo desvalimiento físico, espiritual y emocional. Son momentos donde el alma pide a gritos a Dios, más allá de las creencias religiosas. Las personas que tienen una fe madura pueden sentirse sostenidos por un Dios que es Padre, que les sale al encuentro, que no les suelta la mano por más oscura que sea su situación. Eso genera confianza y la confianza es el antídoto de la desesperanza”.

Irene: “Aquel paciente que tiene una vida de fe tiene una oportunidad de vivir las cosas de una manera totalmente diferente. Le permite ir transitando esta fragilidad que va sintiendo en el cuerpo que lo lleva hacia abajo. Se encuentran con un Dios que levanta, y le permite vivir el día a día de otra manera”.


Que Jesús haya Resucitado, ¿tiene consecuencias concretas en la vivencia de la enfermedad de los pacientes?


Susana: “La Cruz, el sufrimiento de Jesús, no tendría sentido si no hubiera resucitado. Pero la Resurrección no hubiera sido posible si Cristo no pasaba por la Cruz. Lo mismo vemos en nuestros pacientes. Somos testigos de experiencias de transformación. El dolor abre a la posibilidad de empezar una nueva vida, una vida más plena. A diario escuchamos a pacientes que se hacen planteos muy profundos y que toman grandes decisiones desde la cama del Sanatorio. Como Jesús en Pascua, son pasos de la muerte a la Vida”.

Irene: “Los pacientes, que tienen una vida de fe y saben que se le está acabando el tiempo, el pensar en el Resucitado les marca una diferencia. Pensar en una vida futura, que no se ve pero que Jesús promete, genera espacios de serenidad y pensar las cosas de otra manera. Este vínculo con el Resucitado les permite esperar cosas con otra lógica: transitar el dolor esperando lo que humanamente no se espera”.


¿Recordás algún encuentro con un paciente vinculado al dolor y a la Cruz? ¿y a la Resurrección?


Irene: “Me acuerdo de una paciente, una profesional de 50 años, muy enojada con su cáncer y que rechazaba la ayuda de una psicóloga. Un día me contó que estaba muy enojada con Dios porque permitía que ella viviera esas cosas. Frente a su cama había un crucifijo. Le dije: ‘¿Por qué no se lo decís directamente a Él?’. Como lo que tenía en frente era una cruz, podían hablar de igual a igual, de quien sufre a quien sufre. Así, conversamos de este Jesús que hizo de la vida de dolor algo que dio Vida en Abundancia. Hablamos de la posibilidad de ofrecer las cosas que le pasaban por sus seres queridos. En ese momento le fue dando un sentido al dolor, y encauzó su enojo. Se lo dio a Dios y Dios lo convirtió en otra cosa”.

Susana: “Recuerdo la historia de una chica de 19 años con leucemia, que falleció el año pasado en el Sanatorio. Nunca voy a olvidar la paz que se respiraba en su habitación la noche previa a su muerte. No había desesperación, había plena confianza. La historia de su enfermedad había sido larga, con altibajos, pero ella se sentía sostenida por un Padre que le salía al encuentro, se sentía profundamente amada. Pudo soltar la vida con una gran libertad porque estaba segura de que Jesús vendría a buscarla. La historia de Inés, más que una historia de muerte, fue una historia de Resurrección”.