Sostenidos en la esperanza

El Coronavirus nos sorprendió de forma abrupta. Nos descolocó al demostrarnos lo frágiles y vulnerables que somos todos frente a un pequeño virus. Nos movilizó cuando nos vimos obligados a aislarnos y romper radicalmente con nuestra rutina. Nos hizo reflexionar al encontrarnos cara a cara con el dolor, la muerte y la incertidumbre.


El Coronavirus nos mostró que no somos seres eternos, que nuestra salud es un bien para agradecer cada día y que la esperanza sólo la encontramos firme en Dios –y que debemos pedirla porque no podemos generarla por nuestras propias fuerzas-.


Mientras esperamos y rezamos por el fin de esta pandemia, nos detenemos de la vorágine en la que veníamos corriendo y nos reencontramos con nuestra vida interior: ese mundo interno que se descubre en el silencio, que siempre existió pero lo teníamos olvidado, donde nos encontramos con nosotros mismos y donde crece nuestra amistad con Dios.

Esta época de prueba es una oportunidad para cultivar la vida interior. “Busca una mano para salir adelante, para luchar juntos y sentirte acompañado en tiempos difíciles. Tú decides: ¿quieres enfrentarte solo a tus miedos existenciales o agarras una mano amiga no contaminada? Allí está la mano de Dios.”, dice Monseñor Reinaldo Nann.

Dios es un nuestro Padre, somos sus hijos, y como toda madre y todo padre, nunca nos deja solos y nos ama con locura –hasta el extremo de dar su vida por nosotros como lo recordamos en la Pascua-. Estamos en sus manos y nos acompaña en cada paso que damos en medio de la pandemia.

Es en nuestra vida interior donde podemos crecer en paz y en esperanza, donde podemos encontrarnos con nuestro Padre y agarrarnos fuerte de su mano.

Quizá te preguntes, ¿cómo puedo encontrarme con Dios? Te compartimos algunas ideas que pueden ayudarte, pero sobre todo, pedile con confianza de Hijo: “Quiero acercarme a ti, necesito más fe, necesito más esperanza”, y Él te ayudará.


  1. Cada día, agendate un espacio para rezar, como lo hacés con tus amigos para hablar por teléfono. Rezar es hablar con nuestro Padre-Amigo Dios.

  2. Dios habla “bajito”, en el silencio. Procurá tener silencio exterior e interior.

  3. Conversá como con un amigo, contale qué te preocupa, qué te alegra, de qué tenés miedo, cómo fue tu día, qué necesitas, etc.

  4. Frente a la dificultad de acercarte a una Iglesia, podés buscar un modo de hacerlo espiritualmente aprovechando los medios virtuales: podés buscar una imagen del interior de una Iglesia, del Santuario, o alguna foto que te ayude a rezar.

  5. Lee la Biblia, es palabra de Dios, hay algo que quiere decirte en esas palabras. También podés leer algún libro espiritual, de algún santo o de la vida de Jesús, ellos pueden inspirarnos.

  6. Generá momentos de diálogo y oración en comunidad. Compartí con tus seres queridos, quienes viven en tu casa o quienes están más lejos. Jesús dice: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo en medio de Ustedes”.

  7. Conversá con nuestra Mater Dei. Un Rosario, una Ave María, una oración de confianza…Ella nos protege con su manto.


Estamos cerca de la fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo; pidámosle a María, nuestra Madre, que nos aliente a pedir los dones del Espíritu Santo. Él nos quiere regalar los frutos de la caridad, el gozo, la paz, la paciencia, la fe… Solos no podemos generarlos, ¡Pidámosle con confianza porque nos sentimos necesitados!


María, Consuelo de los Afligidos, Estrella de la Mañana, se nuestra guía en este tiempo de prueba, ayúdanos a acercarnos a tu Hijo para vivir con su Esperanza.