Jesucristo es el Principio, el Fin y el Centro de la Historia.

El es la definitiva Palabra que Dios ha querido decir a los hombres y El es también la respuesta que Dios -el Creador- quiere escuchar de los hombres -sus creaturas-.

En la Semana Santa, conmemoramos los últimos acontecimientos vividos por Jesús, es decir, las últimas Palabras que Dios ha querido hablar a toda la Humanidad por medio de Su Hijo único y, al mismo tiempo, la respuesta que Jesús da al Padre en nombre de toda la Humanidad: la de su obediencia hasta la muerte. “Padre, que se haga Tu Voluntad!”

Toda la Liturgia de la Iglesia es celebrada “por Cristo, con El y en El”  -como rezamos en cada Misa- y por eso los gestos, los ritos, adquieren un valor eterno, un valor redentor, salvífico. Porque esa es la razón de ser y la obra de Cristo: la redención de los hombres, es decir, volver a instaurar la relación de los hombres  -perdonados en la Cruz- con Dios. Sin Él, sin esa Palabra encarnada que les da vida y valor, los rituales serían una mera “puesta en escena”, sin eficacia alguna para los que los celebramos, serían sólo una conmemoración, un recuerdo.

Cercanos ya a la Semana Santa, la Iglesia nos invita a no quedarnos en el rito, a no saciar nuestra sed innata de religiosidad con la sola ceremonia exterior, a no “entretenernos religiosamente”. Deberíamos participar de las celebraciones de la Iglesia con el ánimo de “meternos” en ellas. Los ritos sagrados de esta Semana, tienen como finalidad llevarnos a contemplar las realidades que ellos quieren significar; ellos quieren ayudarnos a escuchar la Palabra que está detrás, que los sustenta, que les da vida y razón de ser.

Los ritos deben posibilitar que nos encontremos con Jesús! Desde Él escuchar a Dios y con Él responder a Dios.

Estos ritos sagrados son como el vestido que da “visibilidad” a la Palabra eterna, viva: la Palabra de Dios, que en Cristo “se hizo carne y habitó entre nosotros”. Esta Palabra es lo esencial. Por eso es necesario “escuchar el lenguaje de los ritos”, que nos transmiten esa Palabra divina. Y los ritos son necesarios, porque nuestra psicología exige “materia”, no somos seres espirituales, necesitamos de nuestros sentidos – ver, escuchar, tocar, oler, gustar y hablar – para conocer y así, desde este lugar “ritual”, poder responder a Dios, con nuestros rezos y cantos, con nuestra contemplación, con nuestras palabras y nuestro corazón, aprender a “vivir en Cristo” y recibir Su Gracia para vivir coherentemente como “cristianos”, sin separar lo religioso de la vida de todos los días.

Al celebrar la Semana Santa, nos ayude María a saber escuchar y a saber responder a Dios.

Y al final: será la Pascua! Feliz!

Al final de esta Semana Santa y al final de nuestra vida.

 

Ilustración: Monograma griego de Cristo en el centro, con a los costados las letras Alfa y Omega – principio y fin, del alfabeto griego. Obra humana y sostenida por ángeles: la creación visible y la invisible, “todo ha sido creado por medio de Él y para Él” (Col 1,16).
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