La ingestión de cuerpos extraños es un accidente muy frecuente en la infancia. La mayoría ocurre en niños entre los seis meses y los tres años de edad.

Esta es una etapa en que los niños tratan de explorar y reconocer objetos, suelen llevarlos a la boca y muchas veces por descuido son ingeridos.

Los objetos más frecuentes ingeridos son: monedas, agujas, imanes, botones, partes de juguetes, alfileres, pilas de botón, etc.

Los objetos pueden alojarse en el tubo digestivo, y de acuerdo a ello dependerán los síntomas que son variables y están en relación a la edad del niño, la naturaleza y la localización del cuerpo extraño.

Los síntomas más comunes son: dificultad y dolor para tragar, salivación, rechazo del alimento, vómitos y tos, pero en casi la mitad de los casos no presentan ningún síntoma.

Muy distinto es el cuadro si el cuerpo extraño se aloja en la vía respiratoria, porque allí los síntomas son más graves (tos, dificultad para respirar, cambio de coloración, etc.).

Ante la presencia de síntomas o la sospecha de ingesta de un cuerpo extraño se debe acudir de forma inmediata a un centro de salud. Allí se identificará y localizará el objeto (radiografía), para determinar la conducta a seguir.

La mayoría de los objetos pasan espontáneamente el tubo digestivo sin atascarse y son eliminados a través de las deposiciones.

Sólo de un 10 a 20% de los casos quedan alojados en el tracto digestivo y pueden causar complicaciones, debiendo ser extraídos por endoscopía y excepcionalmente (1%) por cirugía.

Las baterías o pilas de botón tienen indicación de extracción endoscópica, ya que contienen mercurio, zinc, óxido de plata, litio, y a veces cáusticos que pueden provocar quemaduras y lesiones de la mucosa intestinal.

Finalmente, la recomendación es evitar dejar al alcance de los niños menores de 4 años cualquier tipo de objeto que por su tamaño pequeño pueda ser ingerido.

Servicio de Pediatría.

Sanatorio Mater Dei.

San Martín de Tours 2952.

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