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Editorial: la dignidad de servir

En una época donde el relato vale más que la realidad, donde parecer vale más que ser, donde figurar vale más que el bajo perfil, es difícil identificar servicio con dignidad.




Da la impresión de que dignidad se interpreta hoy como recibir reconocimientos por parte de la sociedad. Se es digno cuando se obtuvo algún galardón en un campo que puede ser el deporte, la música, las letras, las artes en general, la tecnología y muchas otras más.


Y es aquí donde los grandes pensadores de todos los tiempos ponen un poco de orden en la jerarquía de nuestros actuales valores. Así, por ejemplo, Aristóteles expresó: "La dignidad no consiste en recibir honores, sino en merecerlos".


Si Aristóteles viviera hoy cuestionaría a los que están en contra de la llamada “meritocracia”, es decir, en contra de quienes, en base a su esfuerzo, su rectitud y honestidad personal, alcanzan un logro en algún campo de la sociedad, incluso sin que ese logro se haga público, porque lo importante para esas personas es el deber cumplido, la meta alcanzada, el sueño realizado, más que el reconocimiento por sí mismo.


En la historia política de nuestro país se encuentra de forma muy patente una persona con una conducta poco frecuente entre los que ostentan un cargo público. Se trata de quien fuera vicepresidente de nuestro país (1922-1928), ministro de Guerra y jefe de la Policía, allá por el inicio del siglo XX. Su nombre es prácticamente desconocido: el abogado Dr. Elpidio González.  Mientras fue funcionario, decía siempre: "La comunidad nos debe merecer respetos y sacrificios, y cada individuo debe darle lo que pueda de sí".


Este destacado político consideraba el cargo de funcionario del gobierno como una dignidad y como un servicio, por eso nunca quiso aprovecharse de los altos cargos en que fue designado, para recibir algún trato diferencial ni tampoco obtener algún privilegio.  Cuando ocupó la vicepresidencia consideró que eso ya era todo un honor y que, si desempeñaba bien su trabajo, el prestigio tenía mucho más valor que cualquier otro beneficio. Todo un mensaje para nosotros y en especial para nuestros gobernantes de hoy.


La dignidad del servicio se hace mucho más patente en lo que celebramos en este mes, en la Pascua, es decir en la entrega de Jesús. Que no tuvo en cuenta rebajarse de su dignidad de Hijo de Dios, a la naturaleza humana, mostrarnos el camino para alcanzar la salvación, morir en la cruz, para luego resurgir victorioso y abrirnos la puerta del cielo.


Vivamos nuestro servicio a las personas con la conciencia de la dignidad que ello implica.

 

 Las Hermanas

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