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Mi regalo para el Salvador

El Niño Jesús es nuestro gran regalo, que vino al mundo a mostrarnos el camino, la verdad y la vida. Ahora, ¿qué tengo yo para ofrecerle al Salvador del mundo?


La compañía de sus padres en el pesebre nos invita a contemplar también a la familia y nos anima a pedirle a María que nos ayude a recibir al Niño como ella lo hizo, con sencillez y alegría. Pero otros personajes se suman a esta imagen del pesebre, allí están los Reyes, que llegan también con fe y humildad. Ellos han querido retribuir el gran don gratuito de Dios, han querido presentarse ante el Salvador con regalos. Fue una forma de enseñarnos que ya los paganos, reconocieron al Mesías como Dios, y fruto de ese reconocimiento le dan regalos. ¿Y por qué esos regalos y no otros?


Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Mateo 2,11


ORO: el oro es el regalo que se da a los reyes, el metal mas preciado, sirve para reconocer la realeza y grandeza de esa persona. Por tanto el que los Magos de Oriente, hayan ofrecido oro al Salvador es porque le reconocían ya como auténtico Rey, como el Rey de Reyes y Señor de Señores.


INCIENSO: el incienso en la biblia, así como en la cultura hebrea y judía se usaba para ofrecérselo a Dios, la Iglesia católica aún hoy lo sigue haciendo. Por tanto, es una prueba de la divinidad de Cristo, ofrecerle incienso, como a un auténtico Dios.


MIRRA: la mirra la usaban los judíos para embalsamar los cadáveres, pero también se usó como perfume. Es símbolo entonces de lo humano, de lo material, de lo carnal. Nos viene a enseñar que ese niño que nació además de ser Verdadero Dios, es Verdadero hombre, y que iba a morir por nosotros, para nuestra salvación.


Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”

Mateo 2, 1-2


Ahora podemos preguntarnos, ¿qué tengo yo para ofrecerle al Salvador del mundo? ¿Qué dones me han sido dados por Dios que quisiera ofrecerle al Niño? Mis esfuerzos, mis alegrías, mi trabajo, mi familia, mis capacidades, también mis dolores ofrecidos son un gesto de confianza en Dios, una forma de decir, como los Magos, este es el Mesías, el Salvador de mi vida y a él quiero ofrecerle estos regalos, para reconocerlo como Rey, para dorarlo.


Pastoral SMD





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